Ni Una Menos: El grito colectivo frente a la crueldad y la desatención del Estado

Por Gabriela Barcaglioni

En 2015 el movimiento de mujeres movilizaba a gran parte de la sociedad argentina a partir de la consigna “Ni una Menos”. Algunos registros indican que 150 mil personas se congregaron en los alrededores del Congreso de la Nación y las convocatorias se replicaron en 80 localidades de Argentina. 

“Ni Una Menos”, tres palabras que pretendieron expresar la sucesión de los femicidios que en pocos días se ubicaron en la agenda mediática y repercutieron en la agenda política. El de la adolescente Chiara Páez (14 años), en Rufino, provincia de Santa Fe fue el que motivó la protesta.

Se le exigía al Estado la  implementación -con presupuesto acorde- de la ley 26.485 de Protección Integral de las Mujeres, la elaboración de estadísticas oficiales sobre violencia de género y la  aplicación efectiva de la – Ley de Educación Sexual Integral (ESI), creación de más Hogares/Refugio en la emergencia, Hogares de día para víctimas y subsidio habitacional; capacitaciones obligatorias en la temática de violencia machista al personal del Estado.

Días después de las marchas la jueza Elena Highton de Nolasco anunció que la Corte Suprema de Justicia de la Nación establecería un registro de feminicidios.

El último informe del Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina (RNFJA) identificó y analizó 204 causas judiciales iniciadas en 2025 en las cuales se investigan los posibles femicidios de 200 víctimas directas y 19 víctimas vinculadas (219 en total).

El cruel femicidio de Agostina

A menos de una semana de la fecha emblemática, de la marcha que desde 2015 renueva el reclamo de Justicia y políticas públicas que prevengan, aborden y reparen la violencia contra las mujeres y niñas Claudio Berrelier asesina a Agustina Vega en la ciudad de Córdoba. El femicida se ensaña con el cuerpo de la adolescente de 14 años, para no dejar dudas de que es expresión de un machismo que cuesta reconocer y aceptar como un elemento que ordena las relaciones sociales.

Sin la misma trascendencia mediática que el femicidio de Agustina, Dulce María Candia de 17 años era asesinada en la localidad de El Dorado, Misiones. Su cuerpo fue arrojado en una obra en construcción con signos de ahorcamiento e indicios de abuso según la autopsia. 

La crueldad que registran los cuerpos de las mujeres asesinadas es expresión de la violencia que distingue a los femicidios. Una violencia estructural que se sostiene y reedita por el grado de desvalorización y poder que la masculinidad hegemónica establece como regla.

El mal accionar de la justicia y la policía

Sobre el tema la antropóloga argentina Rita Segato afirma que son hechos que buscan demostrar quién tiene el poder sobre los cuerpos y la vida de las mujeres. La saña, la destrucción de los cuerpos, se naturaliza, se vuelve una práctica de consumo en la cual el tratamiento que los medios hacen de los femicidios contribuye al decir de la autora en una pedagogía de la crueldad.

Ambas situaciones, los femicidios de Agustina y Dulce, ejemplifican el accionar insuficiente de las instituciones judiciales y policiales que se observan en la investigación de los femicidios en general. El  mal accionar, por ejemplo, se evidencia en la mala preservación de la escena del crimen, la demora en peritar teléfonos celulares o la falta de recolección de muestras biológicas clave. Hay una desatención, descrédito sobre las voces que denuncian

En el caso de Agustina se demora la búsqueda, no se activa el protocolo conocido como alerta Sofía. Con relación al femicidio de  Dulce la familia buscaba a la joven desde hacía más de diez días y su madre intentó radicar una denuncia por desaparición mucho antes del hallazgo, pero como no fue escuchada, era ella quien la buscaba y no la policía.

En sintonía y agravando el escenario que se observa cuando un femicidio llega a esfera de lo público es el abordaje sin perspectiva de género que hacen periodistas frente a las cámaras, micrófono en mano o desde las redes digitales. 

En relación al femicidio de Agustina funcionaron como engranajes de esa lógica que analiza Segato, al exponer detalles morbosos, poner en tela de juicio la vida privada de la víctima, de su entorno, con datos incomprobables. 

Colaborando de esa forma a que el público deje de empatizar con el sufrimiento y justifique la violencia machista. Como si la conducta de la víctima y en este caso de su madre merecieran el castigo. 

Basta recordar el femicidio de Nora Dalmaso y las primeras coberturas mediáticas que ponían en cuestión su vida sexual como principal causa de su muerte o el título “fanática de los boliches que abandonó la secundaria” para referirse a Melina Romero, joven de 17 años víctima de femicidio en agosto de 2014 en la localidad de San Martín, provincia de Buenos Aires.

Milei desconoce la violencia de género

Los femicidios no son hechos aislados y no considerar la estructura que los sostiene, los rasgos que se repiten,  es minimizar una problemática que exige cambios culturales profundos, decisiones políticas que los desnaturalicen.

En enero de 2025, el presidente de la Nación Javier Milei durante el Foro Económico Mundial de Davos expresó: «Llegamos al punto de normalizar que en muchos países supuestamente civilizados si uno mata a la mujer se llama femicidio, y eso conlleva una pena más grave que si uno mata a un hombre solo por el sexo de la víctima. Legalizando, de hecho, que la vida de una mujer vale más que la de un hombre”.

Desconocer la violencia de género, no observar normativas internacionales y nacionales que forman parte de los compromisos asumidos por el Estado argentino como la Convención de Belém do Pará, la ley 26.485, la ley de Educación Sexual Integral por solo señalar alguna de ellas es el camino para profundizar las violencias por razones de género.

Marcela Lagarde: “El femicidio es una fractura del Estado de derecho”

Son femicidios, feminicidios como se denominan cuando se reconoce la desatención del Estado, el deficiente funcionamiento de las instituciones que deben proteger, investigar y sancionar la violencia extrema contra mujeres y niñas.

Marcela Lagarde, antropóloga y política mexicana definió el término feminicidio para referirse a la situación en Ciudad Juárez, México cuando presidió la Comisión Especial de Feminicidio en el Congreso que investigó los asesinatos de mujeres.

“Se trata de una fractura del Estado de derecho que favorece la impunidad. Por eso el feminicidio es un crimen de Estado […]. El feminicidio sucede cuando las condiciones históricas generan prácticas sociales agresivas y hostiles que atentan contra la integridad, el desarrollo, la salud, las libertades y la vida de las mujeres”, afirmó Lagarde.

Su definición abre la reflexión sobre la responsabilidad de los Estados en garantizar una justicia competente, las condiciones de seguridad para que las mujeres vivamos una vida libre de violencia.

Movilizaciones en todo el país

A once años de aquella primera movilización que cambió para siempre la historia reciente de la Argentina, el grito de “Ni Una Menos” volverá a resonar este miércoles 3 de junio de 2026 en plazas y calles de todo el país.

La concentración principal tendrá lugar en el Congreso de la Nación desde las 17.

Miles de mujeres, diversidades, organizaciones sociales, sindicales y estudiantiles, unidas en transfeminismos, marcharán otra vez contra los femicidios, la violencia machista y la ausencia de respuestas estatales frente a una problemática que continúa cobrándose vidas.

Autor

  • Gabriela Barcaglioni

    Lic. en Comunicación Social (UNLP). Integra equipo interdisciplinario Instituto Estudios Jurídicos de la Facultad de Ciencias Jurídicas Sociales (UNLP) Docente Curso Géneros y violencias por motivos de Género. Ley Micaela, Instituto de Estudios Judiciales de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires. Publicó "Los femicidios en los medios de comunicación", “El femicidio de Sandra Ayala Gamboa: su espesor sociopolítico”, "Femicidios: cómo los medios construyen las noticias",entre otros.

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